jueves, 17 de octubre de 2013

TIMIDEZ Y FOBIA SOCIAL

La gente suele mezclar muchos conceptos cuando habla de la timidez, la introversión, la sociabilidad, etc. Así solemos pensar que una persona extrovertida no puede ser tímida, o que una persona sociable no pueda tener miedo de hablar frente a un grupo.

En el estudio de la timidez y su faceta patológica (denominada fobia social) los psicólogos han planteado tres dimensiones distintas que influyen en este concepto.

  • La sociabilidad
Se refiere al grado en que una persona quiere relacionarse con los demás. Así hay gente que está feliz yendo por su cuenta, no tiene una motivación para aproximarse a otros y prefiere estar sola. Mientras que hay otras personas que prefieren estar con los demás, les gusta relacionarse y conocer gente. Esto no se contradice con el hecho de que todos en determinados momentos necesitamos nuestros momentos de soledad y de descanso del mundo, pero en general una persona sociable busca a los demás, y una persona solitaria prefiere estar sola.

Esta dimensión es completamente independiente de las otras dos que vamos a ver a continuación.
  • La ansiedad social
Este es el grado de inhibición o desinhibición que muestra una persona cuando se relaciona con los demás. Hay gente callada, que no se atreve a intervenir, e incluso puede llegar a evitar a los demás por ese miedo a hacer el ridículo, a que le juzguen, a pensar que no puede aportar nada interesante, etc.

Así la persona tímida sería aquella que tiene una alta sociabilidad, es decir, desea relacionarse con los demás, pero no se atreve. Y en esta categoría podemos encontrarnos con extrovertidos tímidos. Se los reconoce, porque cuando se “desinhiben” (con un amigo cercano, en grupos de confianza, cuando beben, etc.) se muestran como el estereotipo de extrovertido que todos conocemos.

La persona solitaria en cambio sería aquella que no es sociable, pero tampoco muestra ansiedad a los demás, ni tiene problemas para relacionarse con los demás. Simplemente prefiere estar sola. Aquí entrarían muchas personalidades introvertidas.
  • La aceptación social
Esta dimensión tiene que ver con nuestra capacidad para relacionarnos con los demás. Por muy de moda que esté el dicho “querer es poder”, la realidad es que no siempre que se quiere se puede inmediatamente. Es decir, hay personas que son aceptadas más fácilmente por los demás, porque son cómodas de tratar, son amigables, divertidas, nos transmiten sentimientos positivos, y otras personas son rechazadas por los demás, porque siempre discuten, son desagradables o hirientes, etc. En otro extremo de esta dimensión está la persona ignorada, la que pasa desapercibida y nadie se fija en ella.
De esta forma una persona rechazada sería una persona sociable, es decir, que quiere relacionarse con los demás, que además no tiene una alta ansiedad social, o sea, no tiene inconveniente en acercarse a alguien y en ponerse a hablar con ella, pero que los demás rechazan (porque da la chapa, por ejemplo).

Algunos psicólogos añaden una cuarta dimensión: la asertividad. 

Espero que esta tabla resumen clarifique un poco las ideas.

¿Desea relacionarse con los demás?
¿Tiene ansiedad cuando se relaciona con los demás?
¿Es rechazado por los demás?
Solitario
NO
NO
NO
Tímido
SI
SI
NO
Rechazado
SI
NO
SI

La fobia social sería un caso extremo de timidez donde la persona tiene tanta ansiedad que le impide funcionar con normalidad en su vida diaria.

La fobia social se caracteriza sobre todo por un miedo a ser evaluado negativamente por lo demás, tanto por conocidos, como por desconocidos, y no por el miedo a los extraños.

Mientras que las personas inhibidas son personas que tiene miedo a las cosas novedosas, y por tanto también a personas desconocidas.

Las personas inhibidas pueden llegar a desarrollar fobia social.

La timidez y la fobia social surgen desde la infancia. ¿Quieres comprobar tu grado de timidez? He aquí una lista de cosas que causan ansiedad a las personas tímidas, cuantas más respuestas afirmativas des, mayor es tu grado de timidez.
    • Hablar en público
    • Leer en voz alta
    • Hacer un comentario o una pregunta en un discurso o conferencia
    • Hablar con figuras de importancia (políticos, famosos, etc.)
    • Comer en público
    • Escribir en público
    • Ir a fiestas
    • Hacer uso de los aseos públicos
    • Hablar con personas con autoridad (policías, etc.)
    • Jugar en público
    • Hacer un examen oral
    • Interpretar delante de otras personas
    • Recibir una corrección en público
    • Leer en público algo escrito por uno mismo
    • Escribir en la pizarra
    • Que le pregunten en clase
Una rama de la psicología considera la timidez y la fobia social un miedo que los niños tienen normalmente, pero que no ha sido superado con el tiempo.

Casi todos los niños pasan por una serie de miedos que terminan superando gracias a la ayuda de los adultos.

A los dos años aparece el miedo a las tormentas, y a los cuatro (o antes) aparece el miedo a la oscuridad, y entre los dos años y medio y los seis aparecen los miedos a los fantasmas y monstruos. La mayoría de estos miedos son superados por casi todas las personas, y una vez somos adultos casi todo el mundo puede dormir en una cama a solas y apagar la luz sin que le dé miedo quedarse a oscuras o pensar que tiene un monstruo bajo de la cama. Todos pasamos por estos miedos y conseguimos superarlos, a menudo con la ayuda de las palabras y gestos amables y de ánimo de nuestros padres o cuidadores.

El miedo a los extraños aparece antes de los dos años de edad, es algo natural en todos los niños. El por qué este miedo en algunas personas desaparece y en otras se transforma a timidez e incluso fobia social tiene múltiples causas. Además de las biológicas, encontramos entre ellas las experiencias con otros niños, en la escuela, y la forma en los padres, los profesores y otros cuidadores trataron al niño en relación a este tipo de miedos.

La mejor forma de superar la timidez es en grupo, bien sea en terapia, en clases de teatro o de gimnasia emocional.

El problema de las personas muy tímidas es que les da tanta ansiedad enfrentarse a un grupo, que evitan precisamente aquello que les puede ayudar.

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