Las personas que han crecido en ambientes disfuncionales han aprendido a anestesiar sus sentimientos. Esto es algo que hacemos todos cuando encontramos que nuestro alrededor no tiene sentido, o cuando tiran de nosotros en todas direcciones. Bien sea una madre que nos dijo lo contrario a lo que nuestro padre nos dijo el día anterior, bien sea un jefe que nos manda hacer una cosa y luego otro jefe de otro departamento nos culpa por ello, bien sea porque nuestros logros e ideas no son reconocidos, hay mucho ejemplos de situaciones que nos enseñas que lo mejor es no sentir.
Los seres humanos nos podemos volver muy hábiles en ignorar los sentimientos, incluso nos alegramos de mantener las emociones bajo estricto control. “No nos importa”, decimos. Más tarde en la vida, sin embargo, nos encontramos con sorpresas desagradables.
Puede que a pesar de todo lo bueno que nos suceda en la vida, solo participemos de ello a medio gas. Quizás nos falte la confianza para probar algo nuevo, o por el contrario, nos volvamos incapaces de hacer la misma cosa dos veces, incluso aunque nos haya gustado la primera. Quizás nos demos cuenta de que nos cuesta relajarnos y divertirnos con nuestros hijos, amigos o disfrutar de los placeres simples de la vida.
Hay personas que aunque hayan alcanzado mucho en su vida externa, se sienten pequeñitos por dentro, incapaces de estar satisfechos con sus logros.
Muchos pasan gran parte de su vida con este sentimiento de desconexión, como si estuvieran viendo su vida pasar en una película, con la sensación de que aún les falta conseguir algo para que su vida empiece a funcionar de verdad.
Otros buscan ayuda y consiguen recuperar sus emociones, y su capacidad de disfrutar del aquí y ahora no importa con quién o dónde estén. Digo “recuperar” porque todos hemos tenido la sensación de viveza y disfrute del “aquí y ahora” cuando éramos niños, cuando abrir un regalo era un mágico misterio, cuando una simple sonrisa nos hacía felices. Eso es algo que teníamos, pero que con el tiempo perdimos.
Sin embargo, la recuperación pasa por una etapa de transición. Cuando se pierde la anestesia emocional, a veces surge un terror profundo. Al adormecer los sentimientos no los suprimimos, solo los reprimimos para que estén fuera del campo de la consciencia. Pensamos que se han ido, pero en realidad están ahí y operan a nivel inconsciente. Así vemos gente que se altera por nada, o que se encuentra nerviosa, deprimida o ansiosa sin tener motivo “aparente” para ello. Otros realizan comportamientos auto-destructivos como beber, fumar o tomar drogas en exceso. Todo parece que va bien por fuera, pero por dentro no sienten lo mismo.
Un método sencillo y divertido para volver a conectar con nuestras emociones viene del campo de la psicología positiva, la rama de la psicología que no trata con patologías, sino que nos ayuda a estar mejor, a ser más plenos, a superarnos y a ser más nosotros mismos. Así surge la gimnasia emocional, para compensar el coste que tiene esta vida moderna occidental en un mundo cada vez más capitalista. Vivimos en una cultura orientada al trabajo que no deja tiempo para las actividades que no tienen un objetivo de rendimiento mensurable, como el arte o el juego. Hemos creado el estilo de vida más privilegiado de la historia de la humanidad, pero nos falta el tiempo y la capacidad de relajarnos y disfrutar de él.
Cuando uno se da cuenta de que lo importante son las personas y lo que compartimos con ellas, y no el dinero que tengamos, o la posición que ocupemos, entonces su escala de valores cambia.
Algunas personas llegan a ese punto después de un infarto, un accidente, una enfermedad grave, u otro suceso que amenaza seriamente su vida. En ese momento, lo verdaderamente importante vuelve al lugar que le correspondía.
La calidad de nuestra felicidad depende de nuestra habilidad para experimentar plenamente lo que nos rodea, y hasta el punto en que podamos querernos y disfrutar de nosotros mismos mientras lo hacemos.
Freud llamó a la terapia el proceso de hacer consciente lo inconsciente. Todo aquello a que te ayuda a conocerte mejor y a descubrirte una parte de ti que antes no conocías es terapéutico.

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